"Corpse Bride" era uno de los largometrajes
más esperados del festival. Sitges siempre ha respondido a
la llegada de un título de Burton, que en esta ocasión
venía precedido del respaldo de crítica y público
en todos los certámenes a los que ha asistido. En él,
Burton (junto al grueso de su equipo) regresa al mundo de la animación
stop-motion, que tan brillantes resultados le dio con "Pesadilla
antes de Navidad" y "James y el melocotón gigante",
si bien en ambas se encontraba acreditado como productor. Ahora asume
una parte de la dirección junto a Mike Johnson, para narrarnos
una historia de ambientes góticos, muy de su gusto personal.
De "Corpse Bride" se puede decir ante todo
que es una película muy sólida, que no defraudará
a nadie y que ofrece lo que se espera de ella. Burton y su equipo
reinciden en los mecanismos de "Pesadilla antes de Navidad"
con el uso de este tipo tan característico de animación
acompañado del toque expresionista habitual del director de
"Big Fish", la siempre genial partitura de Danny Elfman,
la inclusión de números musicales, o la comparación
del mundo de los muertos (alegre, colorido y divertido) con el de
los vivos (de colores acres, aburrido y sometido a dogmas). Pero también
es cierto que "Corpse Bride" no supone ninguna revolución
y cuenta con un guión simplemente correcto en la construcción
de personajes, de situaciones y con el añadido de los gags.
De forma consciente o no, también funciona como alegoría
social acerca del matrimonio entre distintas clases sociales, dados
los impedimentos de las distintas familias para que la boda entre
Vincent y la muerta se consuma, ya que de esta manera ninguna de las
dos sagas aristocráticas sacaría dinero de la unión.
Solo el tiempo dirá si "Corpse Bride" mejora a "Pesadilla
antes de Navidad"; puede que sea una película más
completa que aquella pero por ahora carece de la mitomanía
y la sensación de símbolo cultural, a la par que cinematográfico,
con el que cuenta la historia navideña.
Dos
flojos títulos se presentaron en el Auditori por la mañana.
El primero se podría decir que es una auténtica tomadura
de pelo para el espectador. Con cada título facturado la Fantastic
Factory parece estar haciendo oposiciones a aparecer entre las peores
películas de la historia del cine. "La monja" está
dirigida por Luis de Madrid, que debuta en la realización tras
ser el montador habitual de Jaume Balagueró, y lo cierto es
que se lo podía haber ahorrado. Personalmente disfruto de casi
todas las películas, y soy capaz de encontrar virtudes o buenas
intenciones en multitud de ocasiones, pero es que en este caso es
simplemente imposible. La historia de un grupo de jóvenes que
a su llegada a Barcelona tienen que lidiar con la presencia fantasmagórica
de una monja asesinada años atrás es simplemente ridícula.
Y lo es no solo por lo absurdo de su guión, ni por la alineación
plana de sus personajes, ni siquiera por sus torpes diálogos,
sino por su pretendida trascendencia más allá de ser
lo que es, un subproducto de consumo rápido, una serie B cutre
sin pretensiones. Me explico, si realizas una película de serie
B (o C, o Z, da igual), al menos toma conciencia de tus posibilidades
y no te tomes demasiado en serio (el ejemplo más paradigmático
de lo que he visto en el festival es precisamente "Hostel",
vacía y plana pero al menos divertida). Pero "La monja"
carece de esa humildad, en particular con un estúpido final-twist
que perjudica aún más el resto del relato. Después
se queja uno del cine español de corte social, pero con producciones
como ésta tampoco se avanza mucho.
La
segunda decepción de la mañana vino con una coproducción
entre Bélgica, Holanda y Francia, el primer trabajo del belga
Olivier Smolders. "Nuit Noire" es uno de esos títulos
cuyas líneas argumentales del dossier de prensa atraen al espectador
a enfrentarse a algo inexplorado. Oscar es un entomólogo que
al llegar a su casa se encuentra con una mujer africana enferma en
su cama, todo esto en el contexto de un mundo donde el sol sólo
sale quince minutos al día. Película de tintes pesadillescos,
con aspiraciones de relato kafkiano (sin conseguirlo obviamente),
pero que se pierde en una narración farragosa, que comienza
atrayendo y termina produciendo impaciencia. Es encomiable la labor
del director en la construcción de una atmósfera irrespirable
pero no es suficiente colocar a un tipo introvertido metido en situaciones
inexplicables para que una película funcione. Hacia la mitad
del metraje, el relato parece dar vueltas sobre sí mismo y
no llega a ningún lado, moviéndose entre lo original
y lo trillado (ese vídeo que nunca llega a su conclusión
hasta que el realizador decide mostrarlo a modo de sorpresa final).
En el dossier se le compara con "Cabeza borradora" de David
Lynch, así que los fans de este director estarán gustosos
de interpretarlo de cualquier manera posible.
Finalmente,
un anime muy esperado, "Final Fantasy VII: Advent Children".
Tras el fracaso económico que supuso el debut de la compañía
Square en el terreno de los largos de animación por ordenador
con la infravalorada "Final Fantasy: the Spirits Within",
parece que se ha vuelto a animar a repetir experiencia, pero esta
vez asumiendo menos riesgos. En esta ocasión apuesta sobre
seguro con la continuación de su videojuego de rol más
legendario (la saga rolera ya lo es, pero "Final Fantasy VII"
supone un antes y un después en este género). Si hacéis
un poco de memoria, en mi reseña sobre "Serenity"
comentaba que los seguidores de la serie disfrutarían más
de este producto, por la oportunidad de ver a sus héroes en
pantalla grande. La clave se repite pero en este caso me encuentro
del lado de los fans, al ser un seguidor habitual de la saga de Square.
Por ello, intentaré ser lo más objetivo posible a pesar
de las circunstancias.
A diferencia de "Serenity", donde uno puede entender a
sus personajes y seguir la trama sin conocer la serie de televisión,
"Advent Children" es un producto dirigido básicamente
a los "jugones" del séptimo episodio. La acción,
fechada dos años después del final del videojuego, tiene
tantos puntos en común con el argumento de éste que
es casi imposible que un lego en la materia se adentre en la historia.
Sus clásicos personajes como Cloud, Aeris, Vincent o Sephirot,
provocarán el aplauso entre los seguidores y la indiferencia
entre los desconocedores del relato anterior, que solo se sentirán
abrumados ante el poderío visual del que hace gala esta pieza
de animación. Porque estamos de acuerdo en que técnicamente
"Advent Children" es una maravilla. La progresión
tecnológica sigue su curso, aquí plasmado en una mejor
resolución de los efectos gráficos y en la rapidez y
solidez con que se construyen todos los escenarios y personajes. Desgraciadamente
el argumento no está a la altura, simplemente porque una hora
y media es muy poco tiempo para contar aquello que se pretende y encima
poner en evidencia las mejoras en el terreno técnico. En definitiva
"Advent Children" será una pieza codiciada por el
público que conozca al videojuego original y carecerá
de sustancia para los que se acerquen a su historia sin conocer su
trasfondo previo. Eso sí, yo disfruté como un enano
recordando con nostalgia los momentos del pasado, sobre todo con la
recuperación del score original de Nobuo Uematsu.
Roberto
Alcover Oti
El
tiempo parecía jugar en su contra, el visionado anterior de
una película mala hasta decir basta como es La Monja y de otra
pedante y aburrida muestra de cine fantástico europeo como
acabó siendo Nuit Noire no era de gran ayuda para poder disfrutar
y/o valorar un filme en su justa medida (si además tenemos
en cuenta que era la cuarta película que veía esa mañana,
está claro que mi cerebro estaba a punto de autolobotomizarse),
pero se obró el milagro, y pude ver uno de los mejores largometrajes
que se han exhibido en lo que va de Festival...
El filme en cuestión
era "Hard Candy", ópera prima del reputado publicista
David Slade que ni corto ni perezoso ha decidido poner toda la carne
en el
asador
con su primera película, rodando una historia polémica
tanto por su argumento como por su desarrollo.
La acción
gira en torno de dos únicos personajes, Jeff (Patrick Wilson),
un fotógrafo de treinta pocos años aficionado a fotografiar
adolescentes ligeritas de ropa y de Hayley (Ellen Page), una chica
de 14 años muy madura para su edad y no tan inocente como parece
a primera vista. Ambos se conocen por internet, y después de
chatear durante un tiempo deciden quedar por primera vez en una cafetería.
El encuentro parece agradar a ambos y acabarán dirigiéndose
al apartamento de Jeff, para escuchar un concierto pirata y para una
más que probable sesión de fotos. Aunque nada es lo
que parece, y tan pronto como llegan a casa del artista se descubrirá
que Hayley tiene más de un motivo oculto para irse con Jeff
y ninguno con buena intención...
Con una estructura
casi teatral, el filme es un auténtico tour de force entre
sus dos protagonistas y que recuerda en muchos momentos a Audition
de Takashi Miike. Ambas interpretaciones son espléndidamente
ambiguas logrando así que dudemos en todo momento quien tiene
la razón, aunque finalmente es Ellen Page (en su primer papel
abiertamente dramático) quien se lleva el gato al agua, ya
que pese a su juventud es capaz de mostrar todo un abanico de emociones
todas completamente creíbles, abriéndose un futuro muy
prometedor en la industria del cine para ella.
Aparte del tema
que trata, uno de los aspectos más controvertidos de la película
es la habilidad de su director para que empaticemos con Jeff, aunque
sospechemos, al igual que Hayley, que pueda ser un pedófilo.
La duda es perfectamente razonable como para no querer que sufra un
castigo tan horrible, pero por otro lado el crimen es tan despreciable
que queremos que el culpable sea atrapado, y esa es la gran baza que
juega a favor de esta pequeña joya.
Definitivamente
una de las películas que más darán que hablar
en los próximos meses y una digna merecedora de aparecer en
el palmarés final del festival.
Después
llegó el turno de "Zee Oui. The Man Eater" película
basada en hechos reales dirigida por Nida Sudasna y Buranee Rachjaibun
y que a priori parecía tener bastante interés ya que
venía precedida por sus ocho nominaciones a los premios de
la academia tailandesa.
El filme transcurre
a mediados de los años 40 y narra la historia de un emigrante
chino rebautizado en la aduana tailandesa como Zee Oui que trastornado
por las humillaciones inflijidas por aquellos que le rodean, comienza
a asesinar niños para comerse después su corazón.
Con un guión
bastante pobre y un final que roza el ridículo (y alargado
hasta el exceso), el interés del filme decae rápidamente.
Las nóveles directoras no saben sacar todo el provecho a la
historia cayendo en efectismos fáciles como imágenes
de los niños destripados y demás imágenes truculentas
y dotando al filme de un aire de telefílm que no logra disipar
las poco acertadas interpretaciones del reparto, dejando después
de su visionado una sensación bastante grande de decepción
y de aburrimiento
En definitiva, una
película floja y fallida y que sorprende por su alto número
de nominaciones en Tailandia, supongo que debidas más al tema
que trata que a la calidad del filme en si mismo.
Para
acabar la jornada me decidí por ver "Flightplan"
nueva propuesta como actriz de Jodie Foster hecha exclusivamente para
su propio lucimiento y dirigida por Robert Schwentke, aunque en estos
casos la que cuenta es la estrella.
El filme, especie
de revisitación para el nuevo milenio de "Alarma en el
expreso" de Hitchcock que hasta se atreve a copiar una de sus
escenas más importantes, cuenta la historia de una reciente
viuda que pierde a su hija en pleno vuelo de un avión comercial
en el que además se hayan los restos de su difunto esposo para
ser enterrado en suelo americano. Nadie parece haber visto a la niña
y acabarán llegando a la conclusión que nunca subió
al avión y sólo son alucinaciones de la traumatizada
mujer.
La película
no aburre en ningun momento, después de un breve prólogo
en Berlín nos vemos sumergidos ya en el meollo de la acción
y encerrados durante el resto del metraje en ese avión de lujo
y ultra moderno. Foster a estas alturas de su carrera no tiene que
demostrar nada ya, ella sóla aguanta todos los planos del filme
(muy bien acompañada, eso sí, por actores de la talla
de Peter Sarsgaard y Sean Bean que oxigenan un poco el relato con
su humor cínico).
En fin, un filme
comercial típico y tópico que funciona tanto como vehículo
de lucimiento para la actriz y como entretenimiento de lujo (por lo
caro del presupuesto) para espectadores poco exigentes o con ganas
de olvidarse de todo durante los bien aprovechados 96 minutos que
dura la película.
Sergio
Herrada Ruiz